Liberando las aguas presas
15 años para conseguir el remonte

España, 1844, Isabel II funda la Guardia Civil. Se estrena la obra de teatro «Don Juan Tenorio», de José Zorrilla. Se empieza a construir el primer ferrocarril entre Barcelona y Mataró. Y en Guadalajara se descubre plata.
Este hallazgo del emprendedor navarro Pedro Esteban Górriz, en Hiendelaencina, en el noroeste de la provincia, revolucionó toda la zona y especialmente este pueblo que paso de tener 48 vecinos hasta los 10.000 habitantes, convirtiéndose en el segundo núcleo urbano de la provincia. Se crearon infraestructuras de todo tipo, desde las propias minas a los poblados para los trabajadores, balsas de lavado, diques, canales… Y presas.
En Hiendelaencina, la sociedad La Plata inscribe una presa en el año 1900 para dar servicio a una central hidroeléctrica mediante una concesión de 1.500 litros y un salto de 1,5 metros. En realidad, fueron 4 m de altura.
En 1914, con la Primera Guerra Mundial, disminuyó la actividad minera, cesando por completo en 1926. Pero hoy -casi un siglo después- las robustas presas de hormigón y pizarra que se utilizaron para desviar el agua con el fin de lavar el mineral aún subsisten. Y esas infraestructuras siguen interrumpiendo la conectividad longitudinal del río Bornova e impidiendo que sus peces circulen libremente hasta los territorios de freza para reproducirse. Evitar esta situación era un trabajo perfecto para APCR.
Voluntarios del agua
La Asociación de Pescadores por la Conservación de los Ríos (APCR) es un pequeño grupo de personas que se definen a sí mismas como: » …Una asociación sin ánimo de lucro. Personas que defienden las poblaciones de peces y los ríos donde viven.» Pocos pero muy activos, se financian con las aportaciones de los socios y siendo el «brazo armado» de algunas administraciones que no tienen capacidad u oportunidad de acometer determinados estudios o proyectos que entran dentro de su ámbito de actuación. Biólogos, geólogos, naturalistas, personas procedentes de muchos ámbitos, y todos activistas por la calidad de las aguas y la vida de todos sus habitantes.
En el caso del río Bornova, -durante los años 2009-2010-, APCR decidió realizar un profundo análisis de las condiciones medioambientales de la cuenca alta de dicho río. Este estudio era el tercero que realizaba APCR, efectuado enteramente con el esfuerzo y la dedicación de sus socios y voluntarios, por cierto, siempre dentro de las directrices de la Directiva Marco del Agua y del Plan Nacional de Restauración de los Ríos que considera la creación y el desarrollo de un programa de Voluntariado; programa contemplado como una herramienta de participación directa de la sociedad en las tareas de mejora y conservación de los ríos.
Los efectos generados en el cauce del río Bornova por la multitud de obras hidráulicas que lo afectan –nueve presas y azudes en apenas seis kilómetros–, su mencionada historia minera –con más de 150 pozos de minas de plata en Hiendelaencina y sus alrededores– y otros factores relacionados con la actividad agrícola y ganadera, y con la pesca recreativa, así como la variación de caudales típica de los ríos mediterráneos, han contribuido a mermar la fauna íctica de un río que, por las crónicas de los vecinos y pescadores y por su gran potencial ambiental, debería ser capaz de albergar una mayor biomasa ictícola. Es, por tanto, el conjunto de problemas que se detectaron en el río, y no sólo uno de ellos, los que han afectado a la disminución paulatina de sus poblaciones de trucha común (Salmo trutta), siendo este un claro ejemplo de lo que ha sucedido en muchos ríos españoles durante los últimos 30 años.
Idas y venidas
Como se ha mencionado, APCR realizó un estudio en profundidad del río. Lo llamaron Estudio de los indicadores ambientales del río Bornova. Lo financió la asociación en un 100%.
Se comprobó que la densidad de trucha era muy baja y se recomendó a la Confederación Hidrográfica del Tajo (CHT), una serie de actuaciones para aumentarla; entre ellas, el derribo de las dos presas, La Plata y La Constante-, incubators http://scotty.com, rastrillado de frezaderos, etc.
En un principio había una pequeña escotadura, APCR propuso el derribo completo de la presa pero el Museo de Hiendelaencina, a través de Patrimonio Histórico, se opuso al derribo y se opto por ampliar la escotadura.
En un principio, la escotadura fue ampliada por la CHT, en septiembre de 2012, a través de TRAGSA, pero al no haber suficiente presupuesto no llegaron a terminar.
La CHT no actuó sobre La Constante porque una hidroeléctrica, concretamente la Hidroeléctrica del Bornova, tenía solicitado una concesión para su explotación, pero quiso acometer y derribar la de la Plata. Hubo una fuerte oposición por parte del Ayuntamiento de Hiendelaencina porque pretendían crear una ruta de turismo “minero” y un museo. Al final se llegó a la solución pactada de abrir una escotadura en vez de su derribo.
APCR volvió al río con un proyecto financiado por el Programa de Voluntariado, el denominado Bosque, Cauce y Truchas. Quedaron claras dos cosas: que la escotadura no era suficiente, al menos para el remonte de los ciprínidos, y que -debido a la baja temperatura del agua- en la fecha de apertura de la temporada los huevos seguían sin eclosionar en sus nidos.
De ahí surgió la petición del retraso de la apertura de veda de la pesca de la trucha en la Sierra Norte a la Consejería de Desarrollo Sostenible de Castilla La Mancha.
Esta era la situación en septiembre del año 2012.
Echando una mano a los ríos
Desde aquel momento, APCR ha insistido en este proyecto de «liberación» de aguas y peces una y otra vez. Y con distintas herramientas. En principio, con las manos desnudas, aguzadas barras de ferralla y mazas. Más tarde, cinceles, punteros y cuñas, macetas y todo tipo de martillos. En ocasiones manejados por la voluntad y decisión de los propios socios voluntarios, y otras por profesionales de la cantería experimentados… Uno de ellos, Ángel, cantero de Ávila, se presta a colaborar y a orientarlos. Se pone manos a la obra, pero: «…el muro tiene un hormigón de los que se hacían hace 100 años, para durar… es muy fuerte, lleva un cemento muy bueno, china blanca de río y negra, que es durísima, cuarcita creo que se llama… Así no hay manera de que entre el puntero…»
A partir de entonces, APCR cambia de táctica y se pasa a la tecnología. Pero hay que superar desniveles muy importantes para descender a pie de río. Ninguna vehículo, de los que estaban a su alcance, podría acometer el traslado de maquinaria o material para trabajar en la presa. Ninguno excepto «Pedro», un mulo tordo avezado en triscar por estas pendientes acarreando trofeos de montería y otras labores cinegéticas.
Martillos neumáticos, compresores de gasolina, bidones de combustible… Todo a lomos del mulo. Y ladera abajo hasta el Bornova. Sin prisa, con cuidado de no escurrirse en las resbaladizas lanchas de pizarra que asoman entre los helechos, jaras y robles melojos. Hay que tener en cuenta que estas tareas se deben realizar a partir de octubre y antes de abril, para no interferir con la actividad de la pesca y de la propia reproducción de los peces. Y esta es la época más lluviosa, con heladas y nevadas frecuentes.
No todo el mundo sabe manejar con eficacia uno de estos martillos. Pero, poco a poco, el muro va abriendo paso al agua y acercando la posibilidad de que cientos, tal vez miles, de peces de diversas especies superen el obstáculo hasta ahora insalvable y puedan reproducirse por fin en las prístinas aguas de la cabecera del Bornova.
El golpe final
Finalmente, llega el glorioso mayo de 2026. Han pasado justo 100 años desde el cese de actividad y abandono de la minería de plata en la zona. Y 14 años desde que un puñado de voluntarios de APCR decidió “liberar las aguas y sus peces” para que circulen libremente por el Bornova, remontando el muro de la antigua central de La Plata sin problemas.
La Consejería de Desarrollo Sostenible de Castilla La Mancha decidió insistir ante la Confederación Hidrográfica del Tajo que, a su vez, instó a TRAGSA a rematar el proyecto en este famoso muro. Llegaron las poderosas máquinas, se emplearon a fondo y, en unos días, derribaron parcialmente el muro, dejando una parte como vestigio de Arquitectura Industrial pero permitiendo el objetivo de recuperar la magnífica biodiversidad de este cauce. A los pocos días, barbos y otros ciprínidos nadaban junto a las truchas autóctonas del Bornova aguas arriba del viejo muro. Algunos argumentan que esta afluencia de peces dificulta la pesca de la trucha. Deberían recordar que se debe tener una visión integral del ecosistema, incluyendo su fauna, con peces que nadaban en estas aguas mucho antes de que se descubriera plata en Guadalajara y aquel emprendedor navarro, Pedro Esteban Górriz, decidiera explotar el hallazgo. Y también que en muchos cauces de nuestros ríos conviven diferentes especies de peces pescables sin que por ello nadie deje de pescar truchas.
Vídeos de los trabajos
Galería de imágenes









































Magnifico trabajo!! el que la sigue la consigue, enhorabuena!